La palabra postal vinculada al correo, encuentra su origen en la palabra "posta", del latín vulgar postum, que significa "puesto, parada"; éstas también son conocidas como postales o tarjetas de correo, y venían generalmente ilustradas y sin sobre. Se podría jugar con el par significante "postal-portal", donde cada tarjeta tiene función de trasladar/transmitir al receptor el gusto por el lugar visitado. La otra palabra -parada- nos lleva a pensar también una postal como algo que implica una detención del movimiento o trayecto que se realiza, una pausa o tiempo fuera, un paréntesis del viaje. También se les denomina parada a los sitios de descanso, o donde se dejan a los pasajeros. "Una parada obligada" se refiere cuando en el lugar en el que se está, posee una referencia simbólica, y se hace inevitable no tomarse una foto allí, o tomar un recuerdo del mismo. Entonces, una portal es una suspensión de la cotidianidad.
La historia de las mismas se remontan hacia 1873, pero fue a finales del siglo XIX con las mejoras en los procesos de impresión y edición que se regularon los formatos y se expandió el mercado de las postales. Sin embargo, dicha practica hoy día, siglo XXI, se va haciendo cada vez menos frecuente, o por lo menos, han surgido formas sustitutas, que mantienen vivo el corazón del asunto. Instagram o facebook son los nuevos nombres de las postales de correo, seguramente habrá otras redes sociales que sostengan la función de compartir imágenes y reseñas de viajes. Estas nuevas postales se afincan en un nuevo material de trabajo: el mundo virtual, desplazando el cartón fino o cartulina que servían como soporte para la escritura. Podríamos incluso haber optado por otro titulo: ¿porque no escribe usted ya en papel?
Quizás en este punto, ha influido el discurso del cuidado al medio ambiente, sin embargo confío en que hay algo mas, pues no es solo las operaciones conservacionistas las que han influido enteramente en esta nueva dinámica, ademas de la rentabilidad de lo inmediato y de la cantidad de seguidores con los que se cuenta según Internet. Sin embargo, también podemos hallar a inicios del siglo XX, la impresión afanada de postales, debido a su enorme demanda, un ejemplo era la empresa española de producción de postales de Hauser y Menet, la cual era inmensa, anunciando en la revista "España Cartofila" en diciembre de 1902, "La producción mensual de 500.000 tarjetas postales".
Seguramente no solo el enviar postales se ha reducido por su condición: "culpable de su ser material, táctil" y consistente, sino también las fotografías impresas o reveladas, aquellas donde se introducía un tiempo de espera para verlas. Esto ya no se hace necesario.
Una de las modificaciones ademas del material o el medio que se utiliza, es que en las postales de cartón, el sujeto en cuestión no aparecía en el plano, no era necesario el rostro de quien la enviaba, su cara de presentación era la escritura puesta en el reverso de la postal. Los nuevos modos, justamente operan bajo la lógica del sujeto representando el lugar, bajo la imagen de un "yo" que pone en evidencia que se estuvo allí.
Milan Kundera, refirió en una ocasión que prefería ser leído cuando su rostro no era conocido por los medios, y su cara no aparecía en la anteportada de sus novelas; Cuando podía tomarse un café, y al lado observar amablemente a una lectora de uno de sus libros y sentarse a conversar, sin temer que se le reconociese. Un gusto por el anonimato de su rostro lo acompañaba;sosteniendo al mismo tiempo un trabajo continuo por hacerse un nombre a partir de su vínculo con la escritura.
En una experiencia que tuve con un grupo de niños inmigrantes, les pedí el que realizaran una postal o una carta a un amigo o ser querido que se encontrara en su país de origen: Venezuela. La mayoría no sabía que era eso, "¿una carta, que de Yugui oh?" me dijo uno de ellos. Una niña muy amable les explicó, diciendo que era como un WhatsApp, que ella todas las noches le enviaba por ahí notas de voz a su amiga que estaba en Maracaibo. Otro niño salto enseguida: "Ah! si yo le escribo siempre a mi tía que esta en Caracas, y ella me manda fotos de mis primos", y luego una ola sacudió el salón, surgiendo diferentes formas en como la carta/postal se hacían presentes. Luego les dije, -que eso mismo que ya hacían lo iban a escribir en una hoja de papel, que se la iban a dirigir a alguien que aun no le habían escrito pero que lo deseaban hacer- surgieron destinatarios imprevistos en autores que preferían mantener el anonimato: un niño le escribió una carta de amor a la que era su compañera del colegio antes de venirse, otra niña le escribió una carta a Maduro con mucho rencor, naturalmente; otra le escribió una postal a su perrito que dejó en su casa, otra le escribió a Venezuela, y así, cada uno fue inventando un modo de escribirle a alguien, hasta ahora inédito en sus vidas, me dejé sorprender alegremente por lo que estos niños iban produciendo. Finalmente, terminando la actividad, una niña se me acercó y me preguntó: "¿y usted a quien le escribiría?" . En ese momento, movida por la pregunta, no supe responder. Hoy, podría responderle, que le escribo a ellos. Que esta es mi postal para ellos.
Esa experiencia me hizo valorar los usos de la tecnología actual, un nuevo portal, que si bien sustrae el goce de un cuerpo, un goce manual que se vincula con un cuerpo de papel y tinta, conlleva otra forma de satisfacción: el de dirigirnos a un interlocutor, al menos uno que nos lea.
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